Frente a aquellas
desgastadas velas sin fuego, acaricio tu idea en el aire. Mi sombra intenta
tocar tus recuerdos. Sopeso la idea de lanzarme al vacío nuevamente, como lo hago
todas las noches. Sin embargo, ello requiere un esfuerzo que hoy no estoy
dispuesto a realizar. En el rincón, aquel en el que tantas veces nuestros
cuerpos se rozaron, una mancha invisible reposa en el piso; seca, machando toda
la habitación pese a su reducido tamaño. Y en ese ínfimo instante, me doy
cuenta de que la dimensión del error no importa cuando se tiene la intención de
abarcarlo todo, de acabar con todo. Tu ropa sigue tendida en el suelo, tal cual
se mantiene los restos de un pasado en la mente. Debería tirarla, pero luego
cómo te sentiría cerca. Logro sentir, sentir como hay experiencias que me
gustaría no tener. Pienso, y sé que es perjudicial hacerlo de la forma en la
que lo hago. Y es ahí cuando creo recordar a un viejo y sabio profesor, cuando
me dijo que aunque el hombre tenga la capacidad para pensar, no le es
conveniente hacerlo demasiado, pues corre el riesgo de perderse para siempre en
la fina línea que separa la cordura y la locura. Divago largo rato, y el polvoriento
reloj de espiral colgado en lo alto de la pared, con un peculiar y exagerado
sonido, anuncia la medianoche, como si quisiera acallarme con ello. Lo hago. Pero
antes, apago las velas con un moribundo soplido.
Los
errores del pasado, incrementan notablemente los remordimientos del presente
para atormentarnos en el futuro.

Deigar:
ResponderSuprimirPude sentir el peso de esos errores pasados sobre mi espalda, pude sentir el traqueteo del reloj que, implacable, me indicaba la proximidad de la madrugada...
Un texto logrado.
Un abrazo.
HD
Menuda sentencia, voy a tener que releer un par de veces la última frase :))
ResponderSuprimirUn abrazo enorme
Bordaste la última frase!
ResponderSuprimirEl escrio es genial!! Me ha encantado con ese fondo de tristeza, melancolía y culpabilidad :D
Un besote!!
El pensamiento a veces es nuestro mayor enemigo. Debemos intentar controlarlo porque sino se desboca y nos lleva a lugares en el recuerdo que nos hacen daño.
ResponderSuprimirMe gustó. Volveré seguro :)
ResponderSuprimirGracias por tu pasó por mi blog.
Un saludo
La frase final es para acuñar.
ResponderSuprimirTe felicito por el texto, me gustó.
Un abrazo
Hermosa prosa poética, Deigar. Cuando se escribe con el sentimiento se logra este resultaado,, me ha encantado leerte!
ResponderSuprimirBesos!
Blanca
Muchísimas gracias a todos y todas. Es un placer tenerlos por aquí, y además, recibir sus comentarios.
ResponderSuprimirUn buen relato al que, según mi humilde opinión, incluso le sobraría la frase final, pues rompe el encanto al ser tan explicativa como una moraleja.
ResponderSuprimirUn abrazo.
Raúl
El alma difusa
En ese caso, sí, es mejor apagar las velas...
ResponderSuprimirTu hermoso y a la vez oscuro texto tiene una gran profundidad y no deja indiferente...
Un saludo!
Pero a veces sin errores en el pasado no hay ningún futuro.
ResponderSuprimirUn texto precioso y triste a la vez, de esos que te dejan un rato pensando después de haberlos leído...
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